La expresión talento artificial no se debe entender por comparación con el talento natural de las personas. El talento de las personas y cualquier otra forma de vida biológica se ha configurado a través de un proceso evolutivo de cientos de millones de años regido por leyes; sean cuales sean esas leyes, es su autor, el autor de las leyes, el origen de ese talento.
En el caso de la Inteligencia Artificial (IA) son las personas las que, conociendo y dominando las leyes de la naturaleza, las mismas que han producido su talento personal, han podido construir estructuras no biológicas, de momento, que producen inteligencia en sentido general.
Así que, aun cuando en el futuro haya personas que construyan estructuras biológicas o mixtas que produzcan inteligencia, lo harán no como creadores, sino aprovechando esas leyes que el Creador, desde el origen, ha puesto en la naturaleza.
En sus manos estará, también, la reflexión ética que permita valorar, más allá del rendimiento económico, si este talento artificial beneficia o no a la Humanidad.